21 jul. 2010

Un blues para disimular

(1/3, intro y riff)
Por si ella no era del todo consciente, que yo creo que sí, él escribió un blues para disimular. Lo cantó esa noche en el Clavo Ardiendo, el bar donde los Cojón de Pato tocaban todos los martes, el bar donde ella, Física de carrera, trabajaba, qué remedio, como camarera.
Él no la odiaba, pero le hacía ver así que no le perdonaba que ella no se dejara querer un poco más, como él hacía con ella. Que no le hiciera ver de vez en cuando que le consideraba especial, como ella lo era para él. Que no se dejara acariciar a escondidas debajo de la mesa, cuando él lograba, después de unas complicadísimas maniobras de acercamiento, sentarse a su lado.
En fin, esa noche, se lo cantó.

Ella escuchó el blues como hacía otras cosas, sin demostrar demasiado interés. Con la misma indiferencia con que se ponía, a veces, esos escotes vertiginosos donde sabía que él se perdía porque la deseaba locamente.
A partir de ahí, como en los buenos blues, los movimientos fueron los esperados: riff, resolución y remate de estrofas con las paradas previstas y las intensidades crecientes. Ella le llevó al camerino su PepsiMax y él intentó acariciarla disimuladamente mientras la saludaba con más efusividad de la que la ocasión requería. Ella, como siempre, se las apañó para quitárselo de encima con elegancia, sin herirle, y él quedó frustrado una vez más, como al final de la estrofa de cualquier blues.
Pero lo que ella no sabía es que esa sería la última vez.
Afiló su guitarra. Porque antes de que acabara el solo, ella iba a morir.

(continuará)

11 comentarios:

  1. Si yo hubiera sido Sherezade (Gerenarda en la versión de las mil y una noches que me regaló mi abuela cuando yo tenía 6 años y que a su vez le habían regalado a ella de pequeñita, completamente despojada de pasajes verdes) no me hubiera durado la cabeza sobre los hombros, porque a mí los cuentos interruptus no me gustan, no he encontrado (todavía) la forma de disfrutarlos. Así que espero impaciente la continuación porque el principio me ha gustado, lo de la elegancia de la esquiva y tal, y de esta manera me das tiempo a escuchar la canción desde casa.

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  2. Gracias por el blues, W. Te seguiré leyendo.

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  3. ¿Así andamos? ¿A entregas? ¿Se trata de una venganza? ¡Ay....!

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  4. Tienes razón, Guiss, y como la tienes, te la doy. Ya me metía yo con el Buchito por esa irritante manía... nada, ya está todo seguido, las partes 2 y 3 están ya. ¿Gerenarda? Dios mío, ¿a quuién se le ocurrían esas brillantes ideas?

    Doc...

    Vengancita, sólo vengancita...

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  5. Fatal... lo hice fatal.
    Eso le pasa a una porque se le acumulan los post. Leí el posterior antes que este...
    Me cargué la intriga, el sinvivir, y todo lo demás... cachis.

    Perséfone

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  6. Estoy segura de que sí...
    Ya sabes, yo siempre estoy aunque no esté.

    Perséfone

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  7. Que no, que no, que ni idea... me he perdido

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  8. La canción aún no la había podido escuchar ¡y es magnífica!

    Del cuento, mi cuentista favorito, te comento al final.

    Un abrazo

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  9. Oye, que me he quedado corto, es la cuarta vez que la escucho. Es la mejor canción que te he oído.

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  10. jajaja, cómo mola que digas esas cosas.
    a mí me gusta mucho también, pero le falta alguien que sepa tocar la batería. Estas baterías programadas llevan el ritmo, pero les falta vidilla.

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