20 may. 2011

Yo tengo una amiga

Yo tengo una amiga, una amiga mía, muy mía y muy amiga, que nunca deja de sorprenderme. Tiene los pies chiquititos y muy lindos, y siempre te abre la puerta de su casa. Es imposible saber si la molestas, si la pillas en mal momento, porque siempre te lleva a su cocina, te sienta y te pone una cerveza, un vino o lo que sea... quizá no debería haber empezado a hablar de esto, porque su gran fallo vital se refiere a esto, a sus deberes de anfitriona: nunca tiene PepsiMax. Ahora tiene PepsiLight, que es mejor que nada, lo sé, y la tiene sólo por mí, pero por dios que no le perdono del todo que no me tenga unas PM fresquitas en la nevera por si allí me presento.
Tiene una bonita colección de blusas blancas de diferentes colores(1) y le sienta muy bien el pelo recogido, pero a mí me gusta verla con el pelo suelto, porque yo soy así de pelmazo. Siempre sabe de qué hablar y siempre te hace sentirte una persona especial. 
Mi amiga ha sufrido, en los últimos años, uno de esos reveses de la vida que nadie quiere para sí, y a mí me gusta más, y la quiero más desde que ese revés no ha podido llevársela por delante. No es que me alegre del revés, qué va, es que todo ese asunto ha hecho que mi amiga se revele ante mí en toda su admirable grandeza.
El amor que por ella siento es genuino y ella, que lo nota, porque soy hombre de cariño pegajoso y pelmazote, parece recibirlo como si en vez de eso, una condena, fuera un regalo del cielo. Yo me conozco: sé que mi amor no es bueno para el destinatario, pero ella lo recibe como si lo fuera y eso, claro, sólo hace que la quiera cada día más.
Tiene ante sí una vida nada envidiable, creedme. Tiene ante sí la mayor papeleta que una mujer puede tener. Con todos los pronunciamientos desfavorables, casi todo en contra, el viento, las circunstancias dando por culo y el panorama desolador que comparte con el resto de los españoles, yo apuesto por mi amiga. Por su talento, por su coraje, por su inmensa bondad y generosidad, por su maravilloso espíritu indomable, sé que saldrá adelante, que sacará adelante a su prole y, si me arrimo sin disimulo a tan dadivoso árbol, a mí también.


Yo tengo una amiga que, de verdad, no es presa fácil ni para el más despreciable, astuto y experimentado cazador; yo tengo una amiga que es mucho más que un tesoro. Es la vida misma. Pura vida.


(1) ¿Blancas y de diferentes colores? Pues sí, fíjese usted por dónde.




EL CAZADOR, de Wolffo.



Después de Cimino y de Niro, Wolffo. Pero el cazador este del que hablo yo es bastante más sosainas, aunque al contar su peripecia alguien con mi genio, involuntariamente le dote de cierta prestancia. En fin, muchos divorcios son penosos, pero algunos, además, son especialmente crueles en el "pospartido" como dicen los memos. Este que inspira esta canción es uno de esos de vergonzante hombre y admirable mujer. La canción no ha pasado el filtro de Los Ciclones, así que se queda para mi repertorio en solitario. Me gusta mucho la línea de bajo (mi baratísimo Ibanez) y la guitarra eléctrica. En esta ocasión, mi nueva Epiphone Les Paul Zakk Wylde, con sus portentosas pastillas EMG, se lleva toda la gloria. Es rara la canción, pero me gusta. ¿Y a ti?

2 comentarios:

  1. La canción, ya te lo dije en el tubo, fantástica. De estos homenajes tan personalizados que haces hay poco que decir, salvo que es precioso que los hagas.

    Eso sí, lo de las blusas blancas de diferentes colores me ha parecido brillante.

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  2. Jajaja, Limerick, es que ya sabes, es blanco, pero hay gente que tiene esa gracia en el rostro, o en el alma, y consigue que todo parezca de colores.
    Gracias, amigo mío y un abrazo fuerte.

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