5 sept. 2010

Adiós a todo eso: un cuento nada erótico

Había una vez un tipo con dos dedos de frente. Nació como los demás, tal vez un poco más colorao y creció como se espera que crezca un ser humano, hacia arriba, y también en saber y gobierno, aunque no demasiado en este sentido, si hemos de ser rigurosos y todo lo demás.
Un día, sin saberlo, se conectó a internet. Descubrió los chats, las letras de las canciones, YouTube y los blogs y al día siguiente, quiso entender para qué podría él utilizar aquello y se lanzó: propagaría su obra por todo el mundo y todos descubrirían, al fin, el genio que era. Dos días después, se cansó de todo aquello porque un enanito cabrón le dijo en un sueño que todo aquello era de mentira y él comprobó que su obra no se había propagado por el mundo, sino que languidecía en un limbo indeterminado y hostil a sus sentimientos más profundos. Vio que todos los aspectos de su vida se desvanecían como un puñado de fina arena entre sus dedos  incapaces. Y no sabiendo qué hacer, decidió cerrar su vida dospuntocero y seguir escribiendo, cuentos y canciones, anuncios y cartas, listas de la compra y formularios.

A ver qué te parece esta forma de despedirse de eso.


Sed buenos.

4 comentarios:

  1. Creo que el enano cabrón se confundió un poco. Porque si bien es cierto, en honor a la verdad, que el círculo vicioso y amanerado de las editoriales nos queda un tanto lejos, tus historias siempre han influenciado y dejado huella. Yo mismo he mantenido varios fracasos amorosos con profesoras de física cuántica, sin ir más lejos, siguiendo tus bienaventuradas guías de conducta.

    Un gran abrazo.

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  2. Hombre, a lo mejor ignorantes sí que éramos como limbo, pero hostiles... Hostil yo creo que no (¿ves? igual yo no soy limbo. Ignorante de tus sentimientos profundos,si)

    Pero muchas gracias por esta sincera despedida y por este pedazo de canción: me han gustado muchísimo.

    Un beso enormísimo, Gran Montaña

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  3. Yo no me refería, Linmer, Mahomal, ni a los lectores ni, por supuesto, a vosotros... sino a mí. Todo habla de mí. El enanito cabrón es mi egoísmo, o egocentrismo, y siempre hablo de mí. Yo soy el hostil. Soy la reencarnación de esa desnuda y lacerante vulgaridad que reza: "mi peor enemigo soy yo".
    Si de algo estoy feliz de esta larga aventura, es de conservar un ramillete de ¿amigos?, no sé si es la palabra, pero es, de las que yo conozco, la que más se acerca a lo que siento.
    Mahomal, a ti te conozco desde siempre, te interpreto sin error Y eso reza también ensentido contrario, aunque no lo creas)... y en cuanto a vos, linmer, sois un caballero ciertamente peculiar y me alegro de haberos encontrado y de seguir contando con tu aprecio y amistad.
    Sigo aquí, claro, pero sin perspectivas ni sueños evidentes. Y me encantaría seguir contando con, acaso, vuestras episódicas visitas. Os aprecio a ambos muy mucho.

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  4. Intuía que nos ibas a dejar... de nuevo. Pero para mi gozo y disfrute, veo que no.

    Seguiremos viéndonos por aquí... aunque a ti no te "encante" tanto seguir contando con mi presencia, dado que apenas me conoces... o tal vez si?

    Perséfone

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