25 ago. 2010

Sam quiere ser artista

Samantha, mi querida pastora de Brie, lo lleva en las venas. Cuando toco la guitarra acústica, se acerca a la puerta de mi despacho y se sienta paciente y elegante -las patas perfectamente alineadas en posición escuchen-, y me observa con gesto severo. La medida de cómo estoy de inspirado ese día me la da el tiempo que tarde en marcharse: un ratito si estoy en plan patoso, sus buenos 15 minutos si estoy bien y se acomoda y se duerme en la puerta que se ve en el video si estoy que me salgo.
Ahora bien, si cojo la armónica y empiezo a soplar... entonces abandona su actitud silenciosa, pero crítica, y se une a la fiesta, entonando con su privilegiada garganta intrincadas escalas de jazz que sólo los genios pueden reconocer como la música de los dioses. ¿No es para comérsela?




La secuencia (es un plano secuencia, no semos naide...) es de esta misma mañana. La grabé con el teléfono cuando me di cuenta de que estaba cantarina.
Señoras y señores, con ustedes... ¡Samantha, también conocida en los ambientes como Swingin'Sam!

4 comentarios:

  1. Yo pongo el mismo entusiasmo o más, y siempre suena tu versión de los guisantes en mi selección de favoritos para los viajes de vacaciones, pero entono mucho peor que Samantha. Sí que está para comérsela.

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  2. Bestial!! Me la como con patatas, o incluso a palo seco. Es el video más bonito y divertido que veo desde hace tiempo.
    Se hará famosa, ya lo verás.
    Besos para los dos

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  3. Cántala otra vez, Sam. Los animales son gente maravillosa. ¿O no?

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  4. Y son escalas carolingias por lo que puedo ver. Eso, sí, es un animal terriblemente territorial, y no hace ni puto caso de los trucos televisivos que empleo con ella.

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